En la Actualidad tenemos en funcionamiento dos escuelas infantiles en las que acogen a más de 600 niños a los que proporcionamos, además de una educación básica, algo tan elemental como es un plato de comida y un vestido.
Según algunas estadísticas, en Etiopia, el porcentaje de niños que pueden acceder a la Escuela Primaria es del 37% y desciende al 2,3% para los niños de la Escuela Infantil. Tasas tan bajas confirman que la prioridad de los padre para sus hijos es atender a las tareas domésticas antes que frecuentar la escuela.
Conseguir inserir a los niños en un programa educativo alcanza, en sí mismo, dos objetivos. El primero, y más radical, es garantizarles la posibilidad de poder elegir el propio futuro. El segundo les permite efectuar una obra de escolarización al interno de la familia, implicando las madres y a los hermanos. Este aspecto adquiere mayor relevancia si se considera que en el momento de la aceptación en la Escuela Infantil, los primeros niños que son aceptados son lo que provienen de las familias más pobres y viven en un ambiente escaso de estímulos y sin perspectivas de futuro.